Quevedo aparece en la película ‘Usted no sabe quién soy yo’.
Cuando era un adolescente intentó dar un show en la universidad, pero el susto le pudo más. Desde muy joven se interesó por la cuentería y el teatro callejero. Cada día se paraba frente al espejo para entrenarse.
Ricardo había fracasado lo suficiente para entender el humor judío. Cuando apareció en ‘Los Comediantes de la noche’ de RCN en 2006 para hablar de sus decepciones, su humor, tan agudo como una puñalada, sobresalió entre los otros doscientos aspirantes.
No contó los chistes clásicos de Jeringa o Hugo Patiño. No, él escribía todo su material, como un ‘Proust’ que trataba de recuperar el tiempo perdido. Así fue cuando era el único niño en un salón lleno de niñas en el colegio Sajonia de Bogotá, cuando vivió con su madre hasta los 25 años, cuando era el modelo del Bombril, cuando estudió Comunicación Social, pero estaba frustrado porque no quería trabajar en la prensa, la radio, los telediarios, sino escribir sobre lo mismo y que le pagaran por ello.
Después de mucho trabajo, consiguió lo que quería.
Ricardo Quevedo escribe sus rutinas desde su falta de conocimiento. Hubo un tiempo en el que quería ser popular y se metía a las discotecas a bailar ‘El Meneaito del General’ y las canciones de Wilfrido Vargas y otros ritmos para saber que era aceptado por un grupo.
Así, en los bailes, contaba chistes al oído de las parejas, a las que les daba igual su falta de ritmo y gusto. Con eso, levantó a sus primeros amores. Sus defectos lo hacen tímido, inseguro y parco.
Una vez, invitó a comer a una chica que le gustaba. Cuando le llegó la cuenta, se fue discretamente a la cocina del restaurante, mientras que su novia esperaba en la mesa. Él le contaba historias al dueño para pagar la cuenta, mientras su cita lo esperaba. Así consiguió su primer empleo.
Su padre era médico y su madre abogada. Como se atrevió a contar historias en las universidades y en las calles de Bogotá, se inscribió en el programa más popular de RCN, en 2006, y luego lo abandonó para siempre. Las anécdotas de esa época, claro, se convirtieron en historias que hacen reír al público, especialmente después de que protagonizó películas de éxito como ‘Se armó la gorda’ y ‘Usted no sabe quién soy yo’.
La fama y el dinero no lo desvelan, lo que le fastidia es que algunos incómodos lo obliguen a contar chistes mientras come, o que chicas se pongan en fila para hacerse una foto con él.
Además, se autodenomina un coqueto adicto. Sigue siendo el mismo chico tímido y parco, que solo quiere alejarse y escribir monólogos, que ahora vende a cientos de comediantes. Los comediantes han optado por dejar de hacer chistes baratos y fastidiosos y empezar a contar lo obvio, como podría ser la tristeza de la existencia.
